La Banda de Música Virgen del Espino acompaña al Santísimo por las calles de la localidad

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Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión.

En el siglo XIII, el Papa Urbano IV institucionalizó el Corpus Christi como la culminación de todas las fiestas de primavera, en honor del Santísimo Sacramento, celebrándose 60 días después del Domingo de Resurrección o el jueves posterior al noveno domingo siguiente a la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. En 1989, el Gobierno de España llegó a un acuerdo con la Conferencia Episcopal, trasladando al domingo siguiente la festividad del Corpus, pasando el jueves a ser día laborable, salvo en aquellas localidades en las que el Corpus fue declarado fiesta local por sus respectivos ayuntamientos. No obstante, en 2011 el Gobierno de Castilla La Mancha volvió a incluir la festividad del Corpus como festivo autonómico, no siendo así para la Iglesia Católica que lo sigue celebrando el domingo, salvo las localidades en las que sigue siendo fiesta local.

Discrepancias de fechas aparte, para los cristianos el Corpus Christi, es el pan convertido en el Cuerpo de Cristo, gracias al misterio de la transustanciación, operada en el momento de la consagración de la misa. El Corpus por tanto, es la exaltación de la presencia real de Cristo en el sacramento de la Eucaristía, instituida por Jesús el Jueves Santo. Sólo así podemos entender la importancia de la Eucaristía para los cristianos y de este día para toda la Iglesia Católica, que nos invita a ser solidarios con aquellos que menos tienen, recordándonos que hay más felicidad en dar que en recibir.

Dicho esto, entendemos como un privilegio para nuestra banda, el habernos podido sumar el pasado domingo día 2 de junio a monaguillos, niños de comunión, representantes de hermandades, fieles, autoridades civiles y religiosas en el acompañamiento del Santísimo por las calles de la localidad, en un día en el que el brillo del sol también quiso ser testigo de la fiesta.

Como suele ser costumbre, una vez finalizada la misa dominical, la procesión dio comienzo en la puerta orientada hacia el mediodía, de la Parroquia Santiago el Mayor de Membrilla. La banda utilizó para la ocasión marchas dedicadas al Santísimo Sacramento, recibiendo al mismo con Triunfal de José Blanco, obra en cuya parte final se interpreta el Himno de los Adoradores (más conocido como Cantemos al Amor de los Amores ) y que fue el Himno oficial del XXIII Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Madrid en 1911. Durante el recorrido, entre los olores del tomillo, la fragancia de las flores y los colores de los adornos de los balcones, la banda también interpretó las marchas Sacris de Texidor, que es una marcha dedicada al Santísimo sobre motivos del Tantum Ergo, que corresponde a la última parte (dos últimas estrofas) del himno Eucarístico Pange Lingua, escrito por Santo Tomás de Aquino y Corpus Christi de C. Aramburu. Con esta última marcha, el Señor Sacramentado volvió a entrar de nuevo en el templo, ante la atenta mirada de los fieles, después de haber santificado a su paso la vida del pueblo.

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